miércoles, 20 de mayo de 2015

La vida resuelta

Segunda vez en esta semana que escribo. No es buena señal. Para nada. Normalmente los desahogos me dan aire durante un tiempo, al menos unos días, y luego continúo, bien o mal, sin necesidad de más autoterapia. Estaba bien, la verdad es que sí. Llevaba un par de meses con otra alegría, con un espíritu más positivo. No sé qué me ha pasado desde el Domingo. Ayer, después de contarle todo a mi amigo Fernando, una de esas personas imprescindibles en tu vida, me quedé aliviado. Sin embargo, después de toda la reflexión, aquí estoy imaginándome situaciones imposibles, mil y una maneras de como mandar todo a la basura y decirle que sólo quiero estar con ella.

Hoy es su cumpleaños. Supongo que será eso. Últimamente, cada vez que la veo se me viene todo encima otra vez. La cuestión es que se cambia de piso, a una zona algo más alejada, con su novio claro, con el que ya vivía. Y quién lea esta mierda se puede imaginar mi drama mental. Es muy difícil olvidar algo genial, cuando tu propia relación sólo es genial los pocos días que ves a tu pareja. Es muy difícil olvidar cuando vives solo, la mujer que debería acompañarte vive a 600 km y tu pasado instigador vive a dos calles (ahora serán unas paradas de metro). 

Lo peor de todo es que ella no tiene mi mismo problema. Es evidente. Vives y te levantas con tu pareja, con la que mantienes una relación idílica a ojos de cualquiera, lo que hace fácil seguir adelante. Mi situación es completamente opuesta, porque si miro adelante todo es gris en una relación cuyo futuro depende de lo que ocurra en los próximos meses, de las casualidades, de decisiones vitales, de ese tipo de cosas que no se pueden controlar. Y mientras el estrés y la tensión duermen escondido en mi relación, yo sólo miro al pasado, y la miro a ella, y nos recuerdo a nosotros en aquellos días que pudo ser y lo dejamos escapar, en ese beso reciente que me ha empujado a escribir aquí tres años después. Entonces llega la culpa, la agonía de saber que tomaste una mala decisión hace tiempo, de que querías a una persona y la dejaste escapar, de que no era sólo amistad, de que no sólo era cariño, de que había algo más, y los dos en el fondo lo sabíais y lo dejasteis correr por ser legales, por ser buenas personas, por no traicionar su relación que acababa de comenzar no hacía mucho.

Y durante dos años, todo fue bien. Disfrute de mi novia, la quise, la amé, y los pocos días que estoy con ella creo que todavía lo hago, la disfruto y me alivia el corazón. Pero hace seis meses me cayó un rayo encima, y me fulminó. Me está quemando por dentro, y lo peor de todo es que me estoy dando cuenta de que hablar ya no me reconforta, escribir ya no es tan balsámico como solía, y el tiempo tarda cada vez más en curarme las heridas. Una amiga común le ha dicho hoy a ella que tiene la vida resuelta, y esa idea me tortura todavía más, verla escaparse de mi vida cada vez más. Lo peor es que cada vez me cuesta más disimular. Sé que tengo que olvidarme, sé que tengo que dejar que el tiempo haga su trabajo, y seguir adelante yo también... pero a veces, cuando estoy solo en la oscuridad, en la inmensidad de mi soledad, donde sólo yo pongo los límites, ella invade mis pensamientos.

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