Dejar Madrid. Una opción que parecía remota hace no mucho tiempo. Ahora, estrangulado por la necesidad de mantener viva una relación la posibilidad se plantea cada vez más. A esto hay que sumarle el hecho de que cada vez la soledad es mayor en Madrid. Amo esta ciudad, pero lo cierto es que cada vez estoy aquí más solo. Mis amigos poco a poco abandonan la ciudad llevados a otros sitios por los devenires de la vida. Los que quedamos, cada vez somos menos, y cada uno empieza a hacer su vida. Y yo, viviendo solo, cada vez me siento más alejado de todo. Si sigo aquí, en un futuro a corto plazo tengo que buscarme alguien con quien vivir si me quedo, ya sea mi novia actual o nuevos compañeros de piso.
Pero la cuestión es que dejar la ciudad puede ser también una posibilidad. En épocas anteriores lo había pensado, hasta planeado, por falta de trabajo, pero la suerte iluminó mi camino laboral, y terminé quedándome, afortunadamente. Pero lo que nunca me había planteado es tener que dejar la cuidad por una relación. Siempre pensé que hacer algo por amor sería fácil, que no cabría la duda, que por mucho que costara, la decisión estaría clara. Pero no es así, al final hay mucho más que eso, hay demasiados aspectos de tu vida que se ven afectados, en ambas partes. Y digo en ambas partes porque sé que a ella también le afecta en otros aspectos de su vida, e irse de Pontevedra, o al menos de Galicia, no le hace gracia para nada.
Pero pensando en mi caso, en Madrid, pensando en profundidad en lo que me ata aquí, todo es mucho más profundo y simple al mismo tiempo. Llevo 10 años aquí, por lo que tengo un pasado imborrable que de por sí me ancla. Adoro la ciudad, me dan igual sus múltiples defectos, y a pesar de lo ya dicho, quiero a los amigos que aquí tengo. Evidentemente, todos tenemos que seguir adelante, y esas razones no bastan, porque al final el camino sólo tiene una dirección.
Pero últimamente, con todo lo que está pasando en mi mente, con todo lo que siento por dentro, me da la impresión de que si hay algo que me ata a Madrid es algo muy muy diferente. En el fondo, lo que me da miedo es alejarme de ella, dejarla atrás, renunciar a ella finalmente. Quizá el resultado de todo esto sería lo mejor. No complicar las cosas, dejarla seguir su vida con un hombre bueno, con el que es feliz. Eso sería lo lógico, y lo mejor. Pero entonces, por qué sigo con la misma sensación de angustia. Estoy harto de esa sensación, de sentirme perdedor, de salir con el rabo entre las piernas, de sentir que lo mejor de mi vida se escapa entre mis manos.
Cuando pienso en irme de Madrid, en realidad estoy pensando en dejarla a ella. Cuando pienso en Madrid, pienso en ella, porque para mí, a día de hoy, ella es Madrid para mi. Y se que debería superar ese remordimiento, ese resquemor, pero, a pesar de saber que es imposible, hay un impulso suicida en mí a decirle todo lo que me hubiera gustado que fuera y no es, contarle como hubiera sido un mundo en el que actualmente fuera feliz. Decirle, que me hubiera casado con ella, que me gustaría tener hijos con ella, o adoptarlos si no pudiéramos, o no tenerlos si no puede ser, pero decirle que pasaría el resto de mi vida con ella, y que daría igual si llegara un momento en el que me viera solo, porque después siempre tendría el recuerdo de haber sido feliz con ella.